El dilema detrás del cambio



La adaptación al cambio ha estado en la mente de los seres humanos, de manera consciente o inconsciente, durante toda la historia. Sin embargo, el problema real con el cambio, es que nos presenta un conflicto cada vez que debemos decidir entre adaptarnos, o no, a los cambios en cuestiones que son realmente importantes para nosotros.


Cuando nos damos cuenta de que algo que nos importa ha cambiado, nuestro primer impulso es cambiar para adaptarnos a las nuevas circunstancias y de esta manera mantener o mejorar nuestro status quo. Por ejemplo, si nuestro competidor comienza a bajar sus precios, nos sentimos inclinados a hacer lo mismo, de manera que podamos mantener nuestra participación en el mercado intacta. O, si todos nuestros vecinos están comprando autos nuevos, sentimos presión por hacer lo mismo.


En otras palabras, para adaptarnos a los cambios a nuestro alrededor, sentimos la necesidad de cambiar nosotros. Esto suena bastante directo.


Sin embargo, al intentar cambiar para adaptarnos a las nuevas circunstancias, nos damos cuenta de que el mismo cambio que nos ayuda a mantener intacto nuestro status quo previo, puede o tendrá serios efectos negativos en otros aspectos que también son importantes para nosotros.


Seguir a nuestros competidores conforme ellos reducen los precios podría ayudarnos a mantener nuestra participación en el mercado, pero seguramente tendrá un efecto negativo en nuestros márgenes y por consecuencia en la rentabilidad del negocio.


Comprar un automóvil nuevo para mantener las apariencias ante nuestros vecinos, puede tener un efecto negativo en nuestra estabilidad financiera y como consecuencia, alterar otros asuntos importantes, como nuestras largamente planeadas vacaciones al otro continente o incluso nuestros planes de retiro.


Entonces, de manera que no afectemos negativamente otros aspectos importantes, sentimos la necesidad de no cambiar.


Así que surge la pregunta: ¿deberíamos cambiar?, ¿deberíamos adaptarnos a los cambios en nuestro alrededor?, ¿o simplemente deberíamos reconocer los cambios, pero permanecer igual? Estas preguntas se tornan cada vez más complicadas debido a la cantidad y velocidad de los cambios que ocurren a nuestro alrededor todo el tiempo. ¿Como rayos podemos mantener el paso con tantos cambios posibles?


La respuesta mas típica se vuelve obvia entonces: Aún cuando somos conscientes de los cambios en nuestro mundo, decidimos no adaptarnos a cada cambio de situación hasta que realmente tenemos que hacerlo. Tomamos el reto de adaptarnos a uno o dos de los cambios mas significativos en nuestra vida, pero más allá de eso, sentimos que todo lo que podemos hacer acerca de todos los demás cambios es esperar que su posible impacto en nuestras vidas no sea totalmente devastador.


Así es como, todos apilamos una larga lista de cosas pendientes de ser resueltas. Sabemos que debemos lidiar con ellas, pero aún no han alcanzado el estado “tienen que ser hechas”.

De nuestra investigación en este tema, encontramos el trabajo hecho por Efrat Goldratt como uno de los más precisos en cuanto a la descripción del dilema generado por el constante cambio en nuestras circunstancias. Ella resume sus hallazgos en el siguiente diagrama:


Desde su punto de vista, todos compartimos la meta de ser felices. Para lograrlo, tenemos que satisfacer nuestra necesidad de logro, lo que demanda que abracemos el cambio.


Mientras más grande el cambio, mayor es la sensación de logro que alcanzamos. Por el otro lado, para ser feliz, también tenemos que satisfacer nuestra necesidad de seguridad. ¿Cual es el punto de lograr algo si nos lo quitarán después de lograrlo? Así, para preservar nuestra seguridad, tendemos a resistir el cambio.


Como lo discutimos en blogs anteriores, la forma de resolver este tipo de dilemas es profundizar en nuestro entendimiento de la situación hasta encontrar las creencias y reglas detrás de cada conexión lógica: ¿Por qué tenemos que adaptarnos a cada cambio?, ¿Por qué debemos poner en peligro algo mas cuando cambiamos?


Encontrar las respuestas a estas preguntas apuntará hacia las creencias más básicas que gobiernan nuestras acciones. Desarrollando el hábito de trabajar con nuestras creencias, en lugar de tratar únicamente con nuestros patrones de comportamiento, encontraremos una forma mucho más efectiva de manejar muchos cambios con un solo ajuste, en lugar de sostener muchas pequeñas batallas de manera simultánea.



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