El Modelo de la Realidad



Tener la razón entonces, tiene que ver con el punto de vista que tenemos de una situación en particular. Es una cuestión de perspectiva. Y nuestra perspectiva, está determinada por todo aquello que nos sucede a lo largo de nuestra vida.


En su libro “Gaining control”, Robert F. Bennett, nos presenta una maravillosa herramienta que nos ayuda a tomar conciencia de las necesidades y de los principios que dirigen nuestros patrones de comportamiento. La llama “El modelo de la realidad”. En él, explica como nuestros resultados, son consecuencia de nuestros patrones de comportamiento, que son generados por las reglas que hemos adoptado, las cuales a su vez provienen de nuestro particular sistema de principios, que es activado por nuestras necesidades


Describe que, tomando como punto de partida nuestra necesidad más insatisfecha, tiene lugar una reacción en cadena que nos lleva a unos resultados, que pueden o no ser satisfactorios para la necesidad original. Si el resultado es cierto grado de satisfacción de esta necesidad, los principios, reglas y comportamientos utilizados, se confirman como válidos, siendo entonces reafirmados en nuestra mente. Si lo opuesto resulta cierto, si el resultado es que nuestra necesidad motora permanece insatisfecha o empeora. Entonces comenzamos a cuestionar la validez de los principios, reglas y comportamientos utilizados.

Aunque el modelo en su totalidad es muy poderoso, hay dos elementos en especifico en los que deseamos enfocar su atención; la rueda, que representa nuestras necesidades y la ventana de creencias que describe nuestro sistema de principios.


De acuerdo con este modelo, tratamos siempre de mantener satisfechas todas nuestras necesidades básicas. Sin embargo, la mayoría del tiempo, existe un desbalance entre ellas, resultando entonces, que alguna de ellas es la más insatisfecha de todas. Esta necesidad toma entonces un lugar de control en nuestras mentes y nuestra ventana de creencias ordena todos nuestros principios fundamentales de acuerdo con su impacto en la satisfacción de esta necesidad específica. Por ejemplo, si nuestra necesidad de sentirnos amados es la más insatisfecha de todas nuestras necesidades básicas, entonces, nuestra ventana de creencias les dará prioridad a todos nuestros principios y valores relacionados con ser amado.


Una vez que una necesidad específica ha tomado el puesto de comando en nuestras mentes, y que nuestro cerebro ha ordenado nuestros principios y creencias en base a su nivel de satisfacción a esta necesidad, el resto del modelo es activado para dirigir nuestras acciones y comportamientos hacia el logro de la necesidad objetivo. Nos tornamos hipersensibles a todo aquello relacionado con la satisfacción de esta necesidad, y ponemos especial atención a todos aquellos medios posibles para satisfacerla.


La importancia de estas relaciones de causa y efecto son primordiales para nuestra discusión, debido a que claramente nos muestran, que lo que puede ser considerado como tener la razón, puede variar, aún para la misma persona, de acuerdo con las necesidades especificas que él o ella estén tratando de satisfacer en cada momento en el tiempo.

Si estamos intentando satisfacer nuestra necesidad de amar y ser amados, tomar libre un día de trabajo puede parecer una decisión correcta, mientras que, si nuestra necesidad de reconocimiento profesional es la que manda en ese momento, la idea de faltar un día al trabajo nunca pasará por nuestra mente.



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